Entre fe, oración y amor a la Virgen María, este martes 8 de septiembre los fieles celebraron a Nuestra Señora de los Remedios en su parroquia del tradicional Barrio de Tequisquiapan, donde el padre Rubén Pérez Ortiz recordó que, aun en medio de las dificultades, las heridas y las imperfecciones humanas, María permanece como madre, refugio y ejemplo de fidelidad para los creyentes.
Durante su homilía, el sacerdote llevó a los asistentes a reflexionar sobre sus propias familias a partir de la genealogía de Jesús narrada en el Evangelio, una historia en la que también aparecen debilidades, pecados y momentos dolorosos, pero sobre la cual terminó imponiéndose la gracia de Dios.
“Dios puede enderezar los caminos torcidos”, expresó, al recordar que ninguna familia es perfecta y que detrás de cada hogar existen historias de alegrías y tristezas, virtudes y errores, encuentros y distancias. Por ello, pidió no juzgar, sino aprender a acompañar, perdonar y, sobre todo, orar por aquellos integrantes de la familia que atraviesan dificultades o se han alejado de Dios.
El llamado fue a no permitir que nadie se pierda y a seguir apostando por la unidad familiar, entendiendo que es precisamente en el hogar, con todas sus luces y sombras, donde también puede escribirse una historia de amor, reconciliación y salvación.
Y al final de esa historia aparece María. La mujer que dijo sí, que confió aun sin comprenderlo todo y que permaneció fiel incluso cuando el camino la llevó hasta el dolor de contemplar a su hijo en la cruz.
El padre Rubén Pérez Ortiz recordó que la Virgen también conoció el miedo, la tristeza y la angustia, pero nunca abandonó su confianza en Dios. Por ello, señaló que su vida continúa mostrando a los creyentes que es posible mantenerse firmes aun cuando las respuestas no llegan y el camino parece incierto.
Uno de los momentos más emotivos de la reflexión llegó cuando el sacerdote recordó que, durante su etapa como capellán de colegios, preguntaba a los niños cuál era la mamá más bonita y cada uno respondía, naturalmente, que la suya.
“Y precisamente nosotros que tenemos a nuestra madre del cielo, la Santísima Virgen, qué bonita mamá nos tocó”, expresó.
En el día dedicado a Nuestra Señora de los Remedios, la celebración se convirtió así en una invitación no solamente a mirar a María con devoción, sino a aprender de ella: de su humildad, su fortaleza, su entrega y aquella fidelidad que permaneció intacta incluso frente al sufrimiento.
Porque para los creyentes María no es únicamente una figura del pasado. Es la madre que acompaña, consuela e intercede; la que permanece cerca cuando una familia atraviesa dificultades y la que, bajo la advocación de Nuestra Señora de los Remedios, recuerda que incluso detrás de las heridas siempre puede abrirse un camino hacia la esperanza.
