Cuando los niños toman la palabra en la capital amable…

Hoy no fue un día cualquiera en el Cabildo de San Luis Capital. Las sillas, acostumbradas a discursos formales y acuerdos técnicos, se llenaron de voces pequeñas… pero firmes. Era el Cabildo Infantil, y por unas horas, la “Ciudad Amable” se vio obligada a escucharse desde otra mirada.

Llegaron de todos lados. De colonias populares, de zonas residenciales, de escuelas públicas y privadas. No importó el origen ni el contexto: hoy todos eran regidores. Con nervios, sí, pero también con una claridad que a más de uno incomodó.

Frente al alcalde Enrique Galindo Ceballos, las peticiones comenzaron a tomar forma. No hubo rodeos. El tema más repetido fue el agua. La falta de este recurso básico se coló en casi cada intervención, como una preocupación que ya no distingue edades.
Después vinieron los espacios para ser niños.

Parques, canchas de fútbol, de básquetbol, lugares donde correr sin miedo. Y en medio de esas solicitudes, una petición que sorprendió por su sencillez y profundidad: una biblioteca. Sí, una biblioteca. Un espacio para leer, aprender y, quizá, imaginar un futuro distinto.

Pero no todo fueron propuestas. También hubo reclamos. La inseguridad apareció como una sombra constante: el miedo de no poder salir a jugar en la calle. La basura acumulada en algunas zonas. Las calles en mal estado. Problemas que los adultos discuten todos los días, pero que hoy fueron narrados desde quienes los viven sin filtros.

No hubo discursos largos ni tecnicismos. Hubo verdad. Y en esa verdad, una lección incómoda para quienes gobiernan: escuchar no siempre es suficiente, hay que entender.

Hoy, en el Día del Niño, ellos no solo hablaron. Dejaron huella. Recordaron que gobernar también implica responderle a quienes aún creen que las cosas pueden ser mejores… y que no deberían tener que pedirlo tantas veces.

Deja un comentario

Descubre más desde San Wicho Divino

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo